Método GIM como herramienta para trabajar en y con las emociones


Esperanza Torres Serna: Profesora y coordinadora del programa de estudios del Máster de Musicoterapia y del curso de especialización GIM en el Instituto de Música, Arte y Proceso (Vitoria-Gasteiz: www.agruparte.com)

Se presenta el método de Imagen Guiada con Música (GIM), un modelo de trabajo holístico que permite trabajar globalmente los aspectos de la persona (físicos, psíquicos, afectivo-relacionales y espirituales) de manera no invasiva, contenedora y gratificante, usando la música. El trabajo con GIM ayuda a desarrollar confianza en uno mismo: niño, joven, adolescente, adulto o cualquiera que sea el momento vital de la persona, por medio de la relajación, la aceptación de las propias emociones, la generación de imágenes, simbólicas o metafóricas, y la integración y reflexión de las experiencias habidas en el proceso, consiguiendo un fortalecimiento de los propios recursos y un mayor bienestar. Se ejemplifica la utilidad del mismo en la educación del niño y/o adolescente, especialmente en el cultivo y desarrollo de la inteligencia emocional, y en los profesores, necesitados de revitalización y reconocimiento interior y exterior.

EL METODO DE IMAGEN GUIADA CON MÚSICA

El método de Imagen Guiada con Música, (GIM), creado por Helen Bonny en la década de los setenta, es un método especializado de musicoterapia receptiva; diría más, es un método de trabajo de psicoterapia, que utiliza la música clásica, y las imágenes que ésta ayuda a generar, para mover a cambios y transformaciones internas. Marilyn Clark y Jessica Keiser (1989) definen este método como: “Imagen Guiada y Música (GIM) es un método de auto-expresión, en el cual se utiliza la música clásica para acceder a la imaginación. Incluye escuchar música clásica en un estado de relajación, permitiendo que la imaginación venga al conocimiento consciente y compartiendo estos estados con un guía. La experiencia de GIM puede conducir al desarrollo del auto-conocimiento, la ordenación de la psique y el logro de la percepción espiritual”. A su vez, la Asociación for Music and Imagery -AMI- , quien aglutina y certifica a los terapeutas acreditados para el uso profesional de este método, define este tratamiento como: “una terapia de transformación que utiliza música específicamente programada para estimular, apoyar dinámicamente y desarrollar experiencias internas al servicio de la integración global de la persona, física, psicológica y espiritualmente” (Association for Music and Imagery, 1990)

Con esta breve introducción el lector puede hacerse idea de los distintos elementos que reúne y que hacen de este método, una herramienta eficaz e interesante en diferente ámbitos. Vayamos analizando las distintas partes.

Usa la música. Es bien conocido por todos las posibilidades que ofrece la música para acercarse al mundo emocional, para estimular y realizar asociaciones con recuerdos y experiencias, para disfrutar y gozar estéticamente, para estimular la creatividad y para experimentar sensorialmente ciertas cualidades de la música en el cuerpo.

Helen Bonny, musicoterapeuta y violinista, vivió intensamente esta relación sensitiva y espiritual con la música. Como intérprete tuvo vivencias espirituales intensas mientras tocaba con su orquesta y, como profesional, colaboró en investigaciones sobre estados de conciencia alterados, proponiendo piezas musicales clásicas que acompañaran a este, entonces novedoso, proceso de exploración. Con este bagaje experiencial, Bonny ideó una serie de programas musicales, los cuales contienen varias piezas clásicas, que acompañan, estimulan o guían la experiencia de generación de imágenes mientras la persona escucha la música en un estado relajado. Bonny señaló “La música puede crear un ambiente en el que es posible que uno libere emociones intensas, se retrotraiga a estados del proceso primario, exprese su creatividad e imaginación , y contribuya a una experiencia máxima o cumbre” (Bonny, H.L.; 2002)

Para hacer una selección musical con objetivos terapéuticos, es importante considerar las posibles asociaciones que pueden sugerir estas piezas musicales, ya que algunas piezas clásicas están fuertemente ligadas al cine o la publicidad o evocar determinados acontecimientos pasados del sujeto.

En un estado relajado. Con ello, se pretende obtener un tono de reposo y quietud, buscando descentrarse de las sensaciones físicas y psíquicas, lo que favorece una apertura a experimentar sensaciones, sentimientos y emociones; ponerse en contacto con las herramientas de conciencia de uno mismo (relajación, respiración, ritmo vital, etc.); y elaborar una imagen integrada y global de uno mismo. El fundamento es utilizar el cuerpo entero como soporte de nuestro ser y nuestra vitalidad, ya que no solo existimos en la cabeza.

Manent, (1992) menciona en su libro El niño y la relajación, que para la persona que experimenta la relajación, “el mundo que le rodea y los acontecimientos exteriores serán los mismos, pero la mirada que posará en ellos, su modo de aprehensión y su capacidad de vivir serán distintos” (Manent, 1992)

Para promover imágenes. Con este método, la música permite desplegar las imágenes y estimula al individuo a interactuar con las imágenes, asistido por las intervenciones del terapeuta. Según Bruscia (1998), con este método, “el cliente deja volar libremente su imaginación mientras escucha música en un estado de conciencia alterado con un guía experimentado acompañando la experiencia y estableciendo un diálogo con éste” (Bruscia, 1998). La mayoría de las personas adultas ha experimentado que si puede abandonar los pensamientos analíticos, dejándose fluir como si fuera un sueño despierto, pueden descubrirse otros elementos internos, abrirse otras perspectivas, realizar nuevas y profundas asociaciones y encontrar otras soluciones.

Autora: Ana Ballesta

Uno de los aspectos más fascinantes del uso de GIM es la gran variedad de formas que usan las personas en la formación de sus imágenes. Algunas desarrollan éstas de forma mental, mientras otros las sienten en sus cuerpos o tienen conversaciones con ellas. Lin and Chou (2010) realizaron una investigación cualitativa, examinando las respuestas de los participantes a las sesiones GIM e identificaron los siguientes temas o imágenes centrales: 1) un tranquilo deambular por escenarios naturales; 2) la creación de imágenes surrealistas; 3) el recuerdo de experiencia pasadas; 4) la inmersión en la experiencia melódica de la música y, por último, 5) la experiencia de diversas situaciones de relajación física. (Lin et al., 2010)

Lo crucial para el empleo eficaz de las imágenes, en un contexto terapéutico, es la comprensión de lo que son las imágenes, así como la capacidad de distinguir lo real y lo imaginario. Summer (2002) desarrolló directrices para el empleo del GIM en entornos institucionales, directrices mundialmente aceptadas, como una guía, para establecer la aptitud de un cliente para la creación de imágenes apoyado por la música. Un cliente es apto para esta terapia si: 1) es capaz de albergar pensamientos simbólicos; 2) puede distinguir entre el pensamiento simbólico y la realidad; 3) puede relatar su experiencia al terapeuta; y, 4) puede lograr un crecimiento positivo como consecuencia de la terapia GIM. (Summer, 2002)

Promocionando cambios. El GIM es un método de psicoterapia, donde importan los cambios que se producen en la persona que, por diversos motivos, se acerca a este proceso de conocimiento de sí mismo. Las personas que se acercan a este método suelen hacerlo motivadas por un deseo de autoexploración y crecimiento interno y, también, cuando están enfrentado alguna situación crítica en su vida: duelos, separaciones, malestar físico, ansiedad, etc. Ahora bien ¿podemos aprender de nuestras crisis? Rovira (2008) recoge esta preciosa cita de M. Scott Peck: “nuestros momentos de más lucidez suelen tener lugar cuando nos sentimos profundamente incómodos, infelices o insatisfechos. Pues es en esos momentos, empujados por nuestra insatisfacción, cuando salimos del camino trillado y empezamos a explorar maneras diferentes de hacer algo, o de obtener respuestas más certeras”. En un estudio llevado a cabo por Maack C, y Nolan, P (1999) se analizaron los cambios obtenidos gracias al método GIM, analizando las descripciones hechas por antiguos clientes. Los resultados mostraron que los principales logros de este tratamiento terapéutico fueron: a) mayor contacto con las emociones; b) mayor conocimiento e insigth sobre algunos problemas, c) crecimiento espiritual, e) mayor relajación y d) el descubrimiento de nuevos elementos de uno mismo. (Maack & Nolan, 1999)

Apoyado por un terapeuta. Este método requiere el acompañamiento profesional en el proceso de búsqueda, desarrollo, interpretación y cierre de las experiencias habidas con la música y las imágenes. Algunos lectores sentirán que ya buscan relajarse después de una jornada agotadora; que ya coleccionan y escuchan piezas musicales que les proporciona descanso, alivio o una conexión emotiva con sus recuerdos; que habitualmente convocan imágenes a su pensamiento o percepción para relajarse o para estimularse. Ahora bien, el fundamento de la terapia deviene cuando este esfuerzo individual y único se hace consciente, ordenado y sistemático, en interacción con un otro, especializado y con distancia emocional suficiente, y compartiendo un objetivo, que es lograr cambios que mejoren la calidad de vida o el bienestar del primero.

El terapeuta, que en este método, prefiere denominarse guía, es activamente empático, no dirige ni interpreta la experiencia, sino que, permite y apoya el proceso inconsciente del cliente. Podemos decir que su función es crear una relación de comunicación, ayudar al cliente a entender el proceso y a alentar la apertura a esta nueva experiencia. Sierra Stokes-Stearns comenta “en calidad de co-creador, el terapeuta está en una relación que es similar a un baile, donde las elecciones de acción, inacción, respuesta y compromiso son alentadas por el terapeuta pero están bajo el control último del cliente”.

En general, Bonny (2002) señala que los procedimientos que utilizan los terapeutas GIM se fundamentan en corrientes humanistas e incluyen: 1) fomentar la experiencia del cliente; 2) ayudar a reducir la resistencia; 3) reforzar las respuestas sensitivas y emocionales; 3) acompañar el estado emocional del cliente; 4) prestar atención a las respuestas corporales; 5) facilitar la integración de la experiencia; y 6) reforzar la reflexión del cliente acerca del proceso. (Bonny, 2002)

Al servicio del bienestar de la persona. La calidad de vida se ha definido como un juicio subjetivo del grado en que se ha alcanzado la felicidad, la satisfacción, o como un sentimiento de bienestar personal. Esta valoración subjetiva también guarda relación con indicadores objetivos biológicos, psicológicos, comportamentales y sociales. Esta valoración se realiza sobre un conjunto de factores de la propia persona, que pueden agruparse en tres categorías: físico-biológicas (sintomatología general, discapacidad funcional, sueño, etc.), emocionales (sentimientos de tristeza, miedo, inseguridad), sociales (situación laboral, relaciones familiares, ocio, etc.). Tal valoración es un proceso individual influido y moderado por otras personas, pero indiscutiblemente personal. (Vinaccia & Orozco, 2005)

Con el método GIM, se trabajan actitudes de confianza, participación y responsabilidad conjunta. Como escribe Kabat – Zinn (2011 ) , “participar de forma plena en nuestra salud y bienestar es escuchar con más detenimiento y confiar en lo que escuchamos; confiar en los mensajes que proceden de nuestra propia vida, de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestros sentimientos. Es lo que se denomina “”movilizar los recursos internos” del paciente, para que se cure o para que simplemente sobrelleve mejor las cosas, vea con un poco más de claridad, sea un poco más asertivo, haga más preguntas y se desenvuelva con mayor habilidad”. (Kabat-Zinn, 2011)

Autora: Ana Ballesta

APLICACION CON NIÑOS Y ADOLESCENTES

Marina define en su libro Aprender a vivir la felicidad armoniosa como la realización de las dos grandes motivaciones humanas: el bienestar y la ampliación de posibilidades, o lo que es lo mismo el desarrollo del potencial creador. Este autor señala que esta felicidad íntima solo puede alcanzarse en un proyecto mancomunado, en un proyecto social y relacional. Para aumentar esta posibilidad, en su libro sugiere incentivar algunos recursos personales, ayudado por la labor educativa, comunitaria y social, como son : 1) elegir metas adecuadas, de modo que dirijan la acción y ofrezcan un significado y una experiencia; 2) enfrentar y resolver los conflictos; 3) recuperarse de los fracasos y de los traumas; 4) disfrutar de las cosas y valorar éstas; 5) mantener lazos afectivos con los demás, favoreciendo la comunicación, la colaboración, el respeto y el apoyo mutuo; 6) mantener una autonomía personal desarrollando los propios valores (Marina, 2004)

Cada vez se hace más consciente en el ámbito educativo, la necesidad de educar explícitamente los aspectos emocionales y aumentar sus beneficios personales y sociales que eso conlleva. Desde el modelo de Mayer y Salovery (1997) la Inteligencia Emocional incluye la habilidad de percibir, valorar y expresar emociones; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos de modo que faciliten y ordenen también los pensamientos; la habilidad de comprender estas emociones; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual (Fernández Berrocal & Extremera Pacheco, 2004). Para Goleman: a) conocer las propias emociones; b) manejar éstas; c) motivarse a sí mismo; d) reconocer las emociones de los demás; y e) establecer relaciones son los puntos que constituyen habilidades de la denominada Inteligencia Emocional (Goleman, 2000). La adquisición y desarrollo de estas emociones inteligentes no dependen tanto de la instrucción verbal como de la experiencia compartida, de la influencia que ejerce el contexto que modela éstas, de la dedicación de un tiempo y un espacio para poner en juego estas habilidades, a veces expresadas, en forma de inquietudes o, las más de la veces, con quejas o comportamientos disruptivos.

El método GIM se ha aplicado con niños y adolescentes desde sus principios, en los años setenta, con el propósito de aumentar la conciencia (Bonny, 1973), ayudar al desarrollo de un pensamiento global (Summer, 1981), e incrementar la autoestima y la creatividad (Grindel, 1989; Roy, 1997). Asimismo se ha usado en niños y adolescentes con necesidades educativas especiales, como autismo (Ventre, 1981), problemas de conducta (Elliot, 1991) problemas emocionales (Wager, 1992), y con delincuencia juvenil (Skaggs, 1997) entre otras (Bruscia & Grocke, 2002)

La mayoría de los profesionales que han introducido este método, con estas poblaciones, siguen las siguientes fases de la sesión GIM: relajación, inducción, escucha de música y procesamiento verbal; y eliminando la parte fundamental y más idiosincrática del método que es el diálogo, con el guía, durante la experiencia de las imágenes.

Aquellos que han desarrollado este método en el ámbito infanto-juvenil han realizado distintas adaptaciones, dirigidas a 1) preparar adecuadamente a los niños y adolescentes para la experiencia, mediante una completa explicación del proceso; 2) planificar la sesión con horario suficiente y confort necesario para el desarrollo tranquilo de todo el proceso; 3) adaptar la fase de relajación y la inducción a las motivaciones e intereses de los niños y adolescentes; 4) utilizar una selección musical adecuada a su edad, emoción y capacidad de atención e , 5) introducir otras actividades como expresión corporal o movimientos, dibujo y/o construcciones plásticas. Todos concluyen cada sesión con una reflexión de todos los participantes. (Grocke, & Wigram, 2007)

Arana, (artículo no publicado) muestra el trabajo realizado con un grupo de adolescentes, con discapacidad psíquica. El objetivo de las sesiones grupales de música e imágenes fue la educación socio- emocional de los alumnos/as a través de la escucha de música en un ambiente constructor de resiliencia, contribuyendo a mejorar la conciencia psico-corporal, la comunicación y expresión de pensamientos y emociones de modo más ordenado y coherente y el ambiente de respeto y apoyo dentro del grupo.

Autora: Aintzane Arana

Bengoechea (2010) en la emotiva ponencia realizada en el marco de la IX Conferencia Europea de GIM, celebrada en Laguardia (Alava) mostró diversas adaptaciones del método GIM con algunos de sus pacientes de Oncología Pediátrica, con el objetivo de lograr el contacto con emociones profundas y niveles profundos de conciencia, los cuales se ponen en juego en los procesos de aceptación de la enfermedad, con la angustia ante los tratamientos e intervenciones, ante el dolor, en las relaciones con la familia, ante el miedo a las recaídas y en el enfrentamiento de la muerte.

EL METODO GIM APLICADO CON PROFESORES

La educación cada vez es más compleja y en la institución escolar se debe enfrentar muchas dificultades y fenómenos que antes no existían o eran menos alarmantes (hiperactividad, drogas, violencia, déficit de atención, racismo,…) y esto hace que el colectivo docente esté frecuentemente sometido a tensiones, sobrecarga, malestar e incluso ansiedad ante la tarea. Esta situación de cambios justifica la necesidad de diseñar y aplicar intervenciones formativas dirigidas a proporcionar recursos, habilidades personales y profesionales que faciliten la respuesta adecuada a las demandas educativas y a la premisa que “ debemos educar no solo las emociones, sino que tenemos que educar desde las emociones, debemos educar emocionalmente” (Marina, 2004 ) .

Los profesores que se ocupan del niño, del adolescente, pueden resultar una figura sustitutoria o compensatoria promoviendo resiliencia, si han cultivado en sí mismos una actitud empática con el otro y, conocen algunos fundamentos de las dinámicas grupales y la resolución de conflictos. Todo ello supone reforzar en sí mismos la autoestima, la creatividad, la iniciativa y el sentido del humor. Los educadores han de desarrollar empatía, optimismo, y aquellas fortalezas y habilidades que ayuden a modificar actitudes negativas tanto propias como del alumno. (De Dios Uriarte, 2006)

Las necesidades de los niños y adolescentes requieren una inversión de energía constante y un claro posicionamiento. Para “revitalizarse” se sugieren dos vías: el apoyo externo, que procede del propio grupo de colegas, y del apoyo interno, observándose, cuidándose y revisándose internamente. Tomando las palabras de Kabat Zinn (2011) “investigar no consiste en pensar respuestas,… implica escuchar los pensamientos que evocan nuestras preguntas” (Kabbat-Zinn, 2011)

Autora: Ana Ballesta

Así, el método GIM se desarrolla también en talleres y/o seminarios en ámbitos docentes, con la finalidad de explorar estas inquietudes y ansiedades y poder incentivar la expresión, la comunicación y la reflexión compartida en el grupo, usando la música y las imágenes dentro de un marco relajante, seguro, contenedor y posibilitador. Dice Edgar Morin que “los adultos ignoran que siguen siendo seres infantiles, para bien o para mal, ya que conservan curiosidades de niño, son capaces de buscar y se muestran disponibles; desgraciadamente en nuestras sociedades burocratizadas todas estas cualidades se atrofian mucho con frecuencia”.

Desde mi experiencia, el trabajo con GIM ayuda a desarrollar confianza en uno mismo, sea este niño, joven, adulto o cualquiera que sea el momento vital, ya que incide en lo que, desde la perspectiva junguiana, se denomina trabajo del alma, por medio de la introspección en nuestra mente, la aceptación de las propias emociones, la asociación simbólica o metafórica de las imágenes autogeneradas, consiguiendo el fortalecimiento de los propios recursos y un mayor bienestar.

Referencias bibliográficas:

  • Arana, A. (artículo no publicado). Música e imagen en contextos educativos. Trabajo final.
  • Bengoechea, C. (2010). Imagery and music as facilitators of comunication in the dying process: a case study of two adolescents with cancer. Revista digital del IX Congreso de GIM.
  • Bonny, H. L. (2002). Music & consciousness: The evolution of guided imagery and music Barcelona Pub.
  • Bruscia, K. E. (1998). The dynamics of music psychotherapy Barcelona Pub.
  • Bruscia, K. E., & Grocke, D. E. (2002). Guided imagery and music: The bonny method and beyond Barcelona Pub.
  • De Dios Uriarte, J. (2006). Construir la resiliencia en la escuela. Revista de Psicodidáctica, 11(1), 7-23.
  • Fernández Berrocal, P., & Extremera Pacheco, N. (2004). El papel de la inteligencia emocional en el alumnado: Evidencias empíricas. REDIE: Revista Electrónica de Investigación Educativa, 6(2), 5.
  • Goleman, D. (2000). Inteligencia emocional Editorial Kairós.
  • Grocke, D., & Wigram, T. (2007). Métodos receptivos en musicoterapia: Técnicas y aplicaciones clínicas para musicoterapeutas, educadores y estudiantes Editorial Agruparte
  • Kabat-Zinn, J. (2011) Mindfulness en la vida cotidiana Editorial Paidós.
  • Lin, M. F., Hsu, M. C., Chang, H. J., Hsu, Y. Y., Chou, M. H., & Crawford, P. (2010). Pivotal moments and changes in the bonny method of guided imagery and music for patients with depression. Journal of Clinical Nursing, 19(7‐8), 1139-1148.
  • Maack, C., & Nolan, P. (1999). The effects of guided imagery and Music therapy on reported change in normal adults. Journal of Music Therapy, 36(1), 39-55.
  • Manent, G. (1992). El niño y la relajación Mandala Ediciones, SA.
  • Marina, J.A. (2004) Aprender a vivir Editorial Ariel.
  • Rovira, A. (2008). Las palabras que curan, Plataforma Editorial
  • Summer, L. (2002). Group music and imagery therapy: Emergent receptive techniques in music therapy practice. Guided Imagery and Music: The Bonny Method and Beyond, 297-306.
  • Vinaccia, S., & Orozco, L. M. (2005). Aspectos psicosociales asociados con la calidad de vida de personas con enfermedades crónicas. Diversitas, 1(2), 125-137.
  • www.ami-bonnymethod.org
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